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Desinfección de suelos, paredes, superficies y mobiliario

Deberá ser desinfectado al menos una vez al día, y siempre que haya podido ser contaminado con sangre y/o fluidos corporales, utilizando para ello una solución de hipoclorito sódico en una proporción de: Una parte de lejía (en una concentración de 50 gramos de cloro activo por litro) por cuatro de agua. La solución se preparará inmediatamente antes de ser utilizada por la progresiva pérdida de actividad.
Los aparatos y máquinas utilizadas en estas prácticas, que no puedan ser sometidos a una esterilización, deberán ser sometidos a limpieza y desinfección, realizando para ello, la inmersión del material en una solución recién preparada de hipoclorito sódico durante treinta minutos en una proporción de: Una parte de lejía (en una concentración de 50 gramos de cloro activo por litro) por cuatro de agua.
También se puede utilizar para este fin otros productos desinfectantes como: Instrunet, Hibar, Glutaraldehido, Limoseptol, el “CR-36”. Cualquiera de ellos se aplica sobre las superficies lavables del entorno y en especial las que hayamos tocado con los guantes por error: suelos, camillas, paredes, lámparas, apoyabrazos, mesa de instrumental, etc.
Todos ellos poseen activos frente a Mycobacterium tuberculosis (BK), al virus del sida (VIH), de la Hepatitis B y el Rotavirus entre otros.

Desinfección de manos

Justo antes de ponerse los guantes es necesario tener las manos completamente libre de bacterias, para este fin contamos con unas toallitas bactericidas- desinfectantes muy prácticas, también existen jabones quirúrgicos con propiedades bactericidas y dermatológicas.

Desinfección de material quirúrgico

Tras retirar los instrumentos contaminados, los sumergiremos inmediatamente dentro de una cubeta llena de una solución detergente desinfectante para impedir que los residuos de sangre se resequen. Este líquido ejerce una acción bactericida, fungicida, virucida y microbactericida aunque en caso de prolongar el contacto por más de una hora, nos servirá como esporicida.
Una vez transcurrido el tiempo de acción del desinfectante, introducimos el material por completo dentro de un equipo de ultrasonido para su correcta limpieza. Este artefacto crea ondas de sonido que son transmitidas a través de la solución que contiene y su baja frecuencia esta debajo de la percepción auditiva del ser humano. Esto crea unas vibraciones que repercuten en bajas y altas presiones que se alternan en el líquido.
Durante la fase de baja presión se forman millones de pequeñas burbujas que durante la fase de alta presión, colapsan liberando enormes cantidades de energía. Esta actúa invadiendo todos los resquicios y huecos del instrumental, eliminando los desechos presentes.
La solución con la que rellenamos el equipo es un detergente de carácter enzimático por lo que solo degrada los restos orgánicos, biológicos y polímeros azucarados; por lo tanto no ejerce ninguna acción corrosiva o degradante sobre los elementos inorgánicos o de estructura diferente.
Una vez retirado el material del ultrasonido, lo aclaramos con abundante agua y lo depositamos sobre una bandeja de acero inoxidable que luego podremos desinfectar con cualquier líquido de contacto directo o por autoclave. Secamos minuciosamente todo el instrumental para evitar que queden restos de cal que podrían corroer el metal.

Sellado

Llegado a este punto nos disponemos a guardar el material dentro de unas bolsas autosellables o cortando a medida los rollos de esterilización para selladora térmica. Ambas poseen una cara laminada transparente de alta calidad y otra de papel de grado médico, que cumplen con las normativas vigentes dentro de la C.E. Además llevan impresos indicadores de uso.
Las bolsas en las que introducimos el material a esterilizar, se cerrarán herméticamente por los dos extremos, extrayéndoles el aire antes de sellarlas. Este método garantiza un correcto mantenimiento del instrumental esterilizado hasta que volvamos a requerirlo; por un tiempo máximo de 6 meses.

Métodos de esterilización

Los utensilios y materiales que se pongan en contacto, atraviesen o penetren la piel, las mucosas u otros tejidos, y que no sean de un solo uso, así como los aparatos y maquinaria que se utilicen en estas prácticas, deberán ser esterilizados mediante autoclave, tras su utilización, manteniendo dicha condición hasta su próximo uso.
Un autoclave o equipo de esterilización por calor húmedo es una especie de enorme olla a presión que se llena de vapor, alcanzando temperaturas de hasta los 134 C. y eliminando todo tipo de microorganismos, incluyendo las esporas bacterianas.
Para la esterilización podrá emplearse cualquiera de los procedimientos siguientes, durante el tiempo y a las temperaturas indicadas a continuación, teniendo además en cuenta las condiciones de uso recomendadas por el fabricante.
Esterilización por vapor (autoclave) a 121º durante veinte minutos y a 1 atmósfera de presión
Esterilización por vapor (autoclave) a 135º durante tres-cinco minutos a 2 atmósferas de presión.


Mariano Wheeler
Ancient Fantasy
Madrid




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